
¿Quien no ha soñado algúna vez con poder pilotar un A-330, un ATR-42 o un Boeing 737?
Es lo que tienen los simuladores de última generación, que son tan reales que solo te falta sentir el moviento de la nave, la sensación de las turbulencias o la suavidad de posar una de estas maravillas en la pista y sentirte el rey del mundo.
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